LA VERDAD DE DON ALFONSO NAVALON

 

                          Alfonso Navalón Grande

Contando mentiras sobre Zabala

Cuando hace un mes pedí la baja en esta sección para darme un respiro del atosigante taurinismo, se acababa de celebrar en Madrid un homenaje al desaparecido Vicente Zabala, con nutrida asistencia de figuras, figurones y figurantes. Se dijeron lindezas a mansalva de un hombre mediocre y acomplejado cuya única obsesión fue primero sobrevivir y luego medrar sin complicarse la vida. Se ha ensalzado la figura del cronista con la misma frivolidad que se le da trato de 'maestro' del toreo a Ángel Luis Bienvenida, que siendo torero de dinastía, imitaba a Manolete y como torero fue bastante menos que cualquier segundón actual porque en toda su vida 'profesional' apenas logró sumar cuarenta corridas, sin dejar ninguna huella en los ruedos de su difusa personalidad. Ángel Luis fue simplemente 'el hermano de Antonio' que lo rescató de las selvas americanas cuando tuvo que colgar el traje de luces para dedicarse a actividades madereras, lo mismo que sobrevivió muerto Antonio, como encargado de las gasolineras de un rico bienvenidista, que tuvo la generosidad de echarle una mano. Ha vivido del apellido, dentro de una gran discreción, que todo hay que decirlo. Ahora lo llaman 'patriarca de la dinastía Bienvenida' y lo tratan como 'maestro'. Su padre, el ingenioso 'Papá Negro' decía para definirlo: "Ángel Luis torea como un inglés". Ahora está pasando lo mismo con Zabala, a quien su trágica muerte le ha dado una gloria que estaba muy lejos de merecer. Campos de España en Primavera lo ha comparado con Miguel Hernández y con el Gran Capitán. El untuoso Anson lo califica como "el mejor crítico del siglo XX" y Ángel Luis dice que era un gran conocedor del toro y los veía a la perfección nada más asomar por la puerta de chiqueros. No se pueden decir más disparates juntos. Zabala era torerista y del toro lo ignoraba casi todo, porque no tenía ninguna afición al campo. Le oí decir muchas veces que el campo era un incordio: "El campo sólo es bueno para cagar". Tentadero en El Berrocal Una vez estuvo en un tentadero en mi ganadería y se pasó la tarde hablando del Real Madrid con el doctor Diéguez. No se enteró de nada de lo que pasó en la plaza y luego me dedicó una crónica aduladora en 'Abc' titulada: 'Salamanca, el trigo y el amigo'. Poco después le hice otra titulada: ¿Dónde vas Vicente?, donde sacaba a la luz sus vergüenzas periodísticas. Me llevó a los tribunales por supuestas injurias. Comparecí a juicio sin abogado porque no me hacía falta. A él lo defendió nada menos que el prestigioso facha Jiménez de Parga, actual presidente del Tribunal Constitucional. El Ministerio Fiscal lo ejerció una contundente morenita que de entrada no encontró materia alguna querellable en mi artículo, con lo cual el pomposo letrado Jiménez de Parga perdió lastimosamente el término ensalzando la honorabilidad ofendida de su representado al que yo definía que "siendo pobre y menesteroso debió hacerse de Comisiones Obreras pero estudió para monárquico para llegar a ser crítico de 'Abc'". Ya podéis imaginaros la voltereta que le di cuando se publicó la sentencia con todos los pronunciamientos a mi favor. Lo que de verdad dominaba el pobre Vicente era el fútbol, su arrolladora afición iba avalada desde socio infantil del Real Madrid. En los toros seguía siendo y comportándose como un partidario del Madrid. Veía las corridas con la óptica de los señoritos de sombra y aunque empezó de guerrillero denunciando el 'sobre' de los cronistas vendidos, el afeitado y el toreo de perfil, en cuanto llegó a 'Abc' se le acabó el talante contestario y sólo vivió para defender los privilegios de su butaca, que le garantizaba un porvenir próspero recordando las privaciones que pasó de niño. No volvió a mojarse ni arriesgar, ni a denunciar. Se dedicó a combatir a los que antes defendía. Y lo defendieron. Le bailó el agua a los del clavel y logró echarles la plaza encima a los de la andanada del ocho y al tendido siete. Pactó con Chopera la maniobra de quitarle el abono a los de la andanada rodeando a los poco supervivientes con entradas para jubilados aplaudidores. Pactó con Chopera la salida de los picadores por la puerta del tendido ocho, justo encima de donde se pica; para evitar el largo rodeo de su salida tradicional, dando tiempo al público para protestar los toros cojos. Así con la suerte consumada con rapidez y sin tiempo para observar el supuesto cojo, la empresa se ahorraba muchos sobreros, que Chopera sabrá cómo se lo recompensó. En Soto del Real hizo la crónica de una corrida donde los toros salían echando sangre por los pitones y no hizo la menor alusión al serrucho. Para recordarles a los desmemoriados quién fue Zabala, basta recordar aquel grito de Las Ventas. Salía una voz gritando "Zabaaaaala" y los tendidos contestaban a coro "Tontooooooo". Se referían a lo que escribía, porque el tonto no lo hizo nunca. Él iba siempre a lo suyo. Le gustaba nadar a favor de corriente y cuando surgió el fenómeno de Ojeda, lejos de escribir lo que sentía, lo sacó en la portada de 'Abc', donde no salía ningún torero desde que Luis Miguel picó un toro en Vista Alegre. Veía a Ojeda como un revolucionario sólo comparable con Belmonte. Ya véis lo poquito que duró la 'revolución' de Ojeda en el toreo. Seguro que ahora sería de José Tomás. Escribano mediocre Era un escribano mediocre y encajaba trabajosamente una prosa árida, donde no cabían los elogios sentidos ni se mojaba para descalificar a un torero. Monocorde y siempre a favor de obra. Nadie recordará ni el título ni el contenido de una crónica suya. Últimamente imitaba la entradilla de Cañabate y se llevaba ya hecha la primera cuartilla describiendo una comida con el Conde Fulano o un paseo imaginario por la Macarena con Pepe Luis. Luego se limitaba a describir las faenas. Pero sin arriesgar un juicio de valor. Me parece una blasfemia compararlo con un poeta de las dimensiones emocionales de Miguel Hernández, porque ni siquiera fue cabrero como el mártir de Orihuela y lo del Gran Capitán no sé a qué santo viene. Lo de Anson declarándolo como mejor crítico del siglo no deja de ser una memez. Ni sabía escribir ni tenía fantasía o cultura para convertir la prosa artesanal de la crónica en una obra de arte como han logrado hacer unos pocos con más sensibilidad, más valor y más conocimientos que su pobre equipaje de revistero desconocido. Llamaba 'garapullos' a las banderillas, marrajo o burel al toro y engaño a la muleta, cuando en el toreo la técnica no debe ser engaño. El que mejor conocía a Zabala era el inolvidable Antonio Bienvenida, del que Vicente presumía ser casi hermano y consejero. Antonio lo soportaba por escribir en 'Abc', pero no le permitía opinar de toros en su presencia. Somos bastantes los testigos que le oímos pegarle un frenazo clamoroso cuando intentaba meter baza en la conversación: "Cállate Vicentón, que de ésto no sabes una palabra". Si Antonio viviera no le hubiera permitido a su hermano 'el inglés' organizar esta carnavalada a uno de los peores cronistas que hemos padecido. Fue tan 'maestro' en lo suyo como Ángel Luis en los ruedos.

 

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